El balcón de mi casa ha sido durante mucho tiempo la metáfora del que mira y espera.
Un día, en el pasado, miraba desde mi balcón calle arriba, calle abajo… a las 5, las 6 ó las 7 de la madrugada, a la 1, las 2 ó las 3 del mediodía, a las 9, las 10 ó las 11 de la noche… siempre alerta, ansiosa, expectante, insomne, esperando que él regresara… en cualquier estado…, pero que regresara a casa. Los barrotes del balcón de mi casa representaban la cárcel en la que vivía, encerrada de todo y encerrando mis esperanzas de una vida mejor -aunque mejor fuera sólo sinónimo de tranquilidad… ¡que pobreza de esperanza!-
El balcón de mi casa era como estar pegada a una mirilla: la respiración contenida, con miedo a que otros te vieran con el ojo puesto en lo que no te interesa.. como si me interesara algo que no fuera mi marido…, el mundo se reducía a lo que veía a través de la ranura de mi balcón, tras unos barrotes de medio cuerpo, en 3 m2 de superficie,… Mi vida era reclusión detrás del balcón. Toda mi vida la vivía en ese balcón.
¿Cómo un balcón es una cárcel?. Una cárcel es cualquier sitio en el que los barrotes los pones tu. La libertad se construye incluso en las cárceles más férreas si en tu mente no existen los límites.
Hoy, de vuelta a aquella casa, la del balcón con barrotes, todo es diferente. No sabía que frente a mi balcón había un jardín, con árboles frondosos; que mi balcón es una terraza despejada donde me puedo sentar a tomar el aire, a descansar, a escuchar el bullicio de la gente que no me interesa ni se interesa por mi, 3 m2 acogedores donde puedo mirar calle arriba y calle abajo y disfrutar de los niños que juegan, los amigos que conversan, el solecito y el viento fresco… mi balcón es sólo un lugar más en el que elijo estar o no entre otros muchos balcones de mi ciudad, del mundo, con barrotes de medio cuerpo fáciles de cruzar… sólo tengo que empezar por desearlo.
Mi balcón, que era la imagen de mis propias limitaciones, es hoy una puerta a un mundo inmenso y lleno de vida deseable y que no me quiero perder. Nunca más quiero que el balcón de mi casa sea una cárcel.
Desde mi balcón lo veía marcharse para no saber cuándo ni cómo lo volvería a ver, desde mi balcón lo veía regresar con angustia, y a veces el cómo daba igual… sólo volvía. Mi balcón fue el depósito de mis lágrimas, de mis anhelos frustrados, de mi rabia, de mi miedo y de mi impotencia.
Después llegaron años de trabajo para entender que un balcón es sólo un balcón donde uno construye y deconstruye el mundo que quiere. Yo he querido deconstruir aquel balcón y convertirlo en unos brazos que se abran a la vida. ¡Tengo suerte!, porque desde el viejo balcón que ya no es, le mando un beso y una sonrisa serena cuando se marcha, luego sigo con mi vida llena del mundo que me perdía, y el reloj en el fondo del mar. Hoy, desde detrás de mi balcón, no sueño con la vida que quiero tener sino que la planifico para vivirla al máximo… detrás de el, sólo estoy yo con un mar de posibilidades que no me voy a perder.












Detrás del balcón http://t.co/Gq9C8Ffv
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