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Haber logrado un mejor entendimiento de la adicción en general, y de la nicotina en particular como una droga adictiva, ha sido instrumental para el desarrollo de medicamentos y de tratamientos conductuales para la adicción al tabaco. Por ejemplo, el parche y la goma de mascar o chicle de nicotina que ahora se encuentran fácilmente disponibles en las farmacias y supermercados del país, han mostrado ser herramientas eficaces para romper con el hábito de fumar cuando se combinan con la terapia conductual.
Las tecnologías avanzadas de imágenes neurológicas contribuyen a esta misión al permitir a los científicos observar los cambios que ocurren en la función cerebral cuando se fuman productos de tabaco. Los científicos han identificado nuevas funciones para los genes que predisponen a las personas a la adicción al tabaco y predicen sus respuestas a los tratamientos para dejar de fumar. Estos hallazgos, además de otros nuevos logros científicos, nos están brindando una oportunidad sin precedentes para descubrir, desarrollar y difundir tratamientos nuevos para la adicción al tabaco, así como programas de prevención con base científica que ayudan a disminuir la carga a la salud pública que representa el uso del tabaco.
Hay más de 4.000 sustancias químicas en el humo de los productos de tabaco. De éstas, la nicotina, descubierta a principios del siglo XIX, es el componente primario de refuerzo que actúa en el cerebro.
El hábito de fumar cigarrillos es el método más popular de consumo de tabaco. Sin embargo, recientemente también se ha visto un aumento en la venta y consumo de productos de tabaco sin humo, tal como el rapé y el tabaco de mascar. Estos productos sin humo también contienen nicotina así como muchas otras sustancias químicas tóxicas.
El cigarrillo es un sistema de alta ingeniería con un diseño sumamente eficiente de suministro de la droga. Al inhalar el humo de tabaco, el fumador promedio consume entre 1 y 2 mg de nicotina por cigarrillo. Cuando se fuma el tabaco, la nicotina llega rápidamente a sus niveles máximos en el torrente sanguíneo y penetra el cerebro. En un período de 5 minutos, un fumador típico le da unas 10 aspiradas a un cigarrillo encendido. Por lo tanto, una persona que fuma alrededor de un paquete y medio (30 cigarrillos) al día, le da unos 300 “golpes” diarios de nicotina al cerebro. En aquellos que generalmente no inhalan el humo, como es el caso de los que fuman pipas o cigarros y los usuarios de tabaco sin humo (rapé), la nicotina se absorbe a través de las membranas mucosas y alcanza los niveles máximos en la sangre y en el cerebro más lentamente.
Inmediatamente después de la exposición a la nicotina, hay un estímulo inmediato causado en parte por la acción de la droga sobre las glándulas adrenales que resulta en una descarga de epinefrina (adrenalina). El “rush“, es decir, la sensación inicial intensa debido a la adrenalina, estimula al cuerpo y causa una descarga súbita de glucosa así como un aumento en la presión arterial, la respiración y la frecuencia cardiaca. La nicotina también suprime la producción de insulina del páncreas, lo que significa que los fumadores siempre están un poco hiperglucémicos (es decir, tienen niveles elevados de azúcar en la sangre). El efecto calmante reportado por muchos usuarios, generalmente está asociado más con la disminución de los síntomas del síndrome de abstinencia que con los efectos directos de la nicotina en sí.
la nicotina es adictiva. La mayoría de los fumadores utilizan el tabaco regularmente porque están adictos a la nicotina. La adicción se caracteriza por la búsqueda y el uso compulsivo de la droga, a pesar de las consecuencias negativas para la salud. Está bien documentado que la mayoría de los fumadores consideran al uso de tabaco un hábito dañino y expresan el deseo de reducir o descontinuar su uso. Cada año casi 35 millones de fumadores tratan de romper el hábito, pero desgraciadamente, menos del 6 por ciento de ellos logran abstenerse por más de un mes.
Las investigaciones muestran como la nicotina actúa sobre el cerebro para producir varios efectos. De importancia primordial con relación a su naturaleza adictiva están los hallazgos que indican que la nicotina activa el circuito del cerebro que regula los sentimientos de placer, también conocidos como vías de gratificación. Una de las sustancias químicas clave en el cerebro implicada en el deseo de consumir droga es la dopamina, un neurotransmisor. Las investigaciones han demostrado que la nicotina aumenta los niveles de dopamina en los circuitos de gratificación. Esta reacción es similar a la que se ve con otras drogas de abuso y se cree que es la causa de las sensaciones placenteras que sienten muchos fumadores. Las propiedades farmacocinéticas de la nicotina también aumentan el potencial para su abuso. Cuando se fuma un cigarrillo, hay una distribución rápida de la nicotina al cerebro, llegando la nicotina a su nivel máximo a los 10 segundos de inhalada. Sin embargo, los efectos agudos de la nicotina se disipan en unos minutos conjuntamente con los sentimientos placenteros asociados, lo que hace que el fumador continúe dosificándose repetidamente durante el día para mantener los efectos placenteros de la droga y evitar el síndrome de abstinencia.
Entre los síntomas del síndrome de abstinencia de la nicotina se encuentran la irritabilidad, los deseos vehementes por la droga, un déficit cognitivo y de atención, las perturbaciones en el sueño y el aumento del apetito. Estos síntomas pueden comenzar a las pocas horas después de haber fumado el último cigarrillo, haciendo que las personas vuelvan a fumar. Los síntomas llegan a su punto máximo en los primeros días después de haber dejado el cigarrillo y se pueden aplacar en unas pocas semanas. Sin embargo, para algunas personas los síntomas pueden durar por meses.
Mientras que el síndrome de abstinencia está relacionado con los efectos farmacológicos de la nicotina, muchos factores conductuales también pueden afectar la severidad de los síntomas de abstinencia. Para algunas personas, el hecho de sentir, oler o mirar un cigarrillo así como el rito de obtener, manipular, encender y fumar el cigarrillo, están asociados con los efectos placenteros de fumar y pueden empeorar los síntomas del síndrome de abstinencia o los deseos por fumar. Mientras que el chicle o los parches de nicotina pueden aliviar los aspectos farmacológicos del síndrome de abstinencia, a menudo los deseos por el cigarrillo perduran. Otras formas de reemplazo de la nicotina, como los inhaladores, intentan tratar algunos de estos problemas. Mientras tanto, las terapias conductuales ayudan a los fumadores a identificar los factores ambientales que inducen los síntomas del síndrome de abstinencia y los deseos por el cigarrillo de manera que puedan emplear estrategias para prevenir o circunvalar estos síntomas o deseos.
Fuente:Nida
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